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Plus ça Change

¿Así que quieres aprender otro idioma? (O cualquier otra cosa). Salir de tu zona de confort es la clave para aprender algo nuevo.

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Cuando le digo a la gente que me voy a Venecia a continuar practicando italiano o que voy a Lagos en Portugal para –finalmente- hacer avances con mi aprendizaje del idioma portugués, siempre escucho ejemplos de discursos auto-limitantes en sus respuestas. “A mí no se me dan los idiomas. ¿Tú tienes facilidad, no?” A veces hacen un movimiento negativo con la cabeza o alguna mueca de dolor al ser confrontados con lo très difficileque les resulta a causa de su impedimento genético para aprender una nueva lengua.

Existe la noción de que un idioma extranjero se aprende por ósmosis o algo por el estilo, y que alguna gente, por ejemplo, yo; somos genéticamente mas propensos a aprender que otros. Ésta noción se basa en la creencia de que aprender un nuevo idioma o es pan comido (para gente como yo) o extremadamente difícil para otros (gente como ellos). Sucede que yo disfruto del aprendizaje y actualmente estudio cinco idiomas. Me fascina la mutabilidad del lenguaje, de preferencia aunque no necesariamente, estando en un café muy chic mientras traigo puesto un atuendo sensacional. Pero los idiomas son trabajo duro. Cometerás tantísimos errores que resultarán como mínimo en hacer el ridículo o incluso correr el riesgo de meterse en problemas con las autoridades. Y no es que yo me rocíe con Eau de French Subjunctive o me bañe en loción de verbos italianos irregulares… mucho menos vayas a sugerir que aprender ruso es cuestión de suerte (existen 24 términos diferentes para decir la palabra “cuál”. No es broma).

Aquello que detiene a las personas es su propio diálogo interior con respecto al aprendizaje de un nuevo idioma (o cualquier otra cosa).

La forma de liberarse de un diálogo interior restrictivo es analizarlo de forma lógica y ver si en realidad tiene sentido. Comencemos con la siguiente pregunta:

“¿Cuánto tiempo le invertiste a estudiar, digamos, ruso el año pasado?”

La respuesta generalmente es una variación de Ejeeeem / pueeees / no mucho / nada.

Yo le invertí 100 horas. Lo que equivale a dos horas a la semana, o quince minutos por día. Así que si tú le inviertes cero horas y yo cien, suponiendo que ambos somos principiantes, mi habilidad con el idioma ruso va a ser mejor que la tuya. Punto.

¿Estás sugiriendo que yo tengo una mejor disposición genética a aprender ruso que tú? No lo creo. Yo estudié y tu no. Es la única razón por la que yo sé mas, es todo.

Si ambos estudiáramos cien horas de italiano, tal vez tendríamos diferentes niveles al final, puede tu fueras un poco mejor que yo, o al revés, pero ése no es el meollo del asunto. Las personas no suelen decir “¿Sabes qué? No se me dan los idiomas, tomé cien horas de clases pero no creo que hayan servido de mucho y todavía batallo con la diferencia entre los verbos essere y stare” Lo que suelen decir es: “No sirvo, por lo tanto no me preocupo en estudiar, por lo tanto no sirvo…” Un inconfundible círculo vicioso.

Las personas que “no sirven” para los idiomas no hablan ninguna lengua extranjera simplemente porque nunca se molestaron en estudiarla. ¿Cómo puede alguien ser bueno en algo que no ha estudiado? Uno nunca esperaría que un niño fuera bueno en algo que no se le ha enseñado y sin embargo, los adultos creen que están por encima de ésa lógica.

El problema no son tus habilidades sino tu forma de pensar. Tus suposiciones son falsas. Cualquier persona que esté tratando de aprender un nuevo idioma tiene que practicar. Las pinturas no se pintan solas, ni los libros se escriben a sí mismos, y tú no vas a aprender francés a menos que hagas un esfuerzo. Si no estás dispuesto a hacerlo, no hay problema, pero vas a tener que cambiar el “No soy bueno para los idiomas” por un “No hago ningún esfuerzo por aprender”. Ésa es la verdad y aunque tal vez sea dura de admitir, por lo menos es precisa, y sobre todo convincente. Obviamente está en tu poder elegir aprender o no. El echarle la culpa a una supuesta falta innata de talento te resta tesón.

No pienses que se trata de escoger entre absorber el lenguaje sin ningún esfuerzo, o no aprender nada. La opción es aplicarte o no aprender nada. Te debes a ti mismo el dejar de lado los enfoques auto limitantes y hagas lo que hagas, no se los heredes a tus hijos. Dentro de veinte años estarán en un restaurante en Madrid repitiendo tus palabras acerca de no ser buenos para los idiomas.

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“Pero es que NO sirvo. Me reprobaron en la escuela”

Hablo muy bien en español. En España, la gente asume que soy española. En un hotel en Argentina, al presentar mi pasaporte británico, me preguntaron que dónde estaba mi pasaporte español. Obtuve la más alta calificación en la examinación A Level de español en solo cuatro meses, cuando el curso dura dos años. Lo curioso es que a los 16 años reprobé la asignatura en la escuela. Incluso me costó trabajo decir “Me llamo tal” en el examen. A los 18 años quería viajar, y aún viajo mucho –me agrada el calor, las diferentes culturas y las generosas porciones de gin & tonic. Así que a los 18 viajé a Madrid (con mi español espantoso) a trabajar como niñera. Mi dominio del idioma era tan malo que incluso tenía que comunicarme en francés con mi nuevo jefe.

Vivir en un país donde no puedes comunicarte con nadie no es divertido, especialmente cuando eres una persona que habla hasta por los codos como suelo hacerlo yo. Así que me propuse aprender. Me ponía a escuchar cuidadosamente en todo tipo de situaciones cotidianas en bares, trenes, tiendas, en cualquier lugar. Estudié gramática como guía para aprender las reglas del lenguaje, y desarrollé mi vocabulario en base a largas listas que yo misma escribía. Desde las partes del cuerpo (por eso es que sé decir cosas como ceja o pestaña) hasta comida. Fíjate en todo el trabajo que me costó y todas sus molestias que toleré. Para cuando regresé de Madrid, fui capaz de pasar el examen A Level muy fácilmente, por eso fue que sólo me tomó cuatro meses. ¿Ósmosis? Ya quisiera.

“Pero tengo hijos. No puede simplemente irme para Madrid, o Roma o París”

No se trata de o irse a Madrid o no hacer nada. Hoy día puedes descargar un curso en iTunes y comenzar inmediatamente. YouTube tiene miles de lecciones en línea. Tenemos acceso a tantísimos recursos que aprender nunca ha sido tan fácil. Ahora estoy casada, tengo un negocio y no sería sencillo dejar todo tirado e irme a Madrid por un año. Aunque, si de verdad quisiera, lo haría.

“Ya no estoy en edad. Es más fácil cuando se es joven”

Ésta es un área de gran debate entre lingüistas. El New Scientist en 2011 publicó que la edad no era excusa para fracasar en aprender un nuevo idioma. La verdadera diferencia podrían ser nuestras comparaciones contrastantes con respecto a niños pequeños y adultos, más que cualquier diferencia neurológica. Mientras que nos resulta sencillo corregir los errores de los niños, como lo explica Sara Ferman de la Universidad de Tel Aviv, “si los adultos cometen errores, no los corregimos porque no queremos que se sientan insultados”. En un estudio diseñado para medir la capacidad de aprendizaje de la lengua de niños y adultos, Ferman concluyó que “los adultos fueron mejores consistentemente en todas las variables estudiadas”.

Los niños criados en familias bilingües tienen mayor facilidad para aprender. Pero fuera de esto, la verdad es que los niños invierten horas en el estudio de lenguajes en la escuela y aún así muchos terminan con niveles bajísimos. El solo hecho de ser joven no es ninguna garantía cuando de aprender un idioma se trata.

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Personalmente, no me parece ni más ni menos difícil (a un nivel cognitivo) el aprendizaje de un idioma ahora, que cuando tenía 18 años. No veo diferencias en mi capacidad de aprender hoy en comparación con la de mi juventud. Lo único es que no se tiene tanto tiempo libre, pero la verdad es que se tiene el suficiente. Puedes llevar al maestro en tu teléfono móvil y practicar mientras te trasladas diariamente.

La gente mayor que creció sin la constante distracción digital de hoy en día, es capaz de concentrarse más fácilmente. Entre mas estudias, mas avispado te vuelves. Los jóvenes batallan mas con la concentración a causa de su excesivo uso de la tecnología digital. Como lo explicó Michael Rich, un profesor asociado de la Escuela de Medicina de Harvard, “su cerebro es recompensado por brincar constantemente de una tarea a otra, en lugar de por concentrarse en una sola actividad” Además de eso, las personas de mas edad no sienten la necesidad de publicar mensajes en Facebook a las tres de la mañana, o checar Twitter constantemente. Esto les ahorra energía mental que pueden usar en actividades mas productivas.

El propósito de éste artículo es que te des cuenta que lo que se interpone entre ti y tu meta de aprender no es oportunidad, capacidad genética o edad. Eres tú. Tú obstaculizas tu propio camino. Yo hablo mas idiomas que otros porque le dedico mas tiempo a estudiarlos que otras personas. Depende de cada quien el invertirle mas tiempo a cualquier cosa en la que quieren ser mejores. Si te sigues diciendo a ti mismo que no sirves para tal o cual cosa, te privarás por siempre de adquirir ésa habilidad.

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Éste es un extracto del número de Invierno 2015 / 2016 de Amanda Magazine en Español. Ordena la revista para leer el artículo completo. Comprar ahora en inglés.

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