Eleva tu Nivel de Vida

¿Recuerdas cuando comprar una barra de labios era cosa de todo el día?

Deja de lado tus múltiples obligaciones, es momento de traer de vuelta a tu verdadero yo.

lipsticks

Recientemente, tuve la oportunidad de abrir una pequeña boutique para poner a la venta todas las prendas que ya no me quedaban a causa de el peso que he perdido. Durante el último año pasé por cinco tallas diferentes de vestido, por lo que no me costó ningún trabajo abastecer una tienda. Hubo un elemento que no preví resultó fascinándome incluso un poco más que la moda misma. Tal como ésta revista, la boutique narraba parte de mi historia, lo cual dio lugar a que la clientela descubriera un poco de sus historias.

Me parece que todo el mundo tiene cosas guardadas que quieren ser expresadas (incluyendo desde mi propia experiencia, un cuerpo que se quiere manifestar de cierta forma). Nuestra esencia se diluye entre el maremágnum de obligaciones y cosas que hacer, hasta que llega un momento en que somos como un barquito perdido en altamar, preguntándonos cómo llegamos hasta ahí.

Un buen día una compradora entró a la tienda, sus jóvenes ojos despiertos y centelleantes, posados en un rostro perfectamente maquillado, y enmarcados por un fantástico sombrero de pelaje artificial estilo ruso. Como tantos de nosotros en nuestros años mozos, ésta joven claramente tomaba la vida por los cuernos. Casi solté una carcajada de pura dicha al ver a una persona tan espabilada, tan briosa, tan viva.

Ésta joven mujer le había invertido tiempo a su maquillaje, dejando otras cosas de lado, y suponía un evidente contraste con la siguiente compradora, una mujer de cincuenta y tantos años que me confió no había comprado un vestido en veinte años. Prefería vestir de gris para ser invisible, pasar desapercibida y perderse en la multitud. Extenuada y completamente desconectada de su esencia personal, debió haber habido algún momento en su pasado en que se deleitó en comprarse algo bonito, pero ésos tiempos quedaron atrás. (Aunque te alegrará saber que al final adquirió un hermoso vestido color magenta que la hacía resplandecer). Y luego finalmente, una señora de 80 años cuyos tonos predilectos eran el color negro, el color gris y el color “fango” (sus palabras)

Seríamos mucho más felices si estuviésemos rodeados por personas genuinas, en lugar de personas que son quienes creen que deben ser.

Esto me puso a pensar. ¿Es la odisea de envejecer tal como una joya refulgente en la juventud, pasando por los treinta y tantos enfundados en pantalones ajustados y tenis, hasta llegar a la mediana edad de gris y ocre, para rematar en un inevitable fango? ¿Es acaso el mismo proceso con la ropa interior que a medida que uno envejece la cintura de la prenda queda cada vez mas y mas arriba del ombligo hasta que a los 90 años tienes los calzones hasta la barbilla y cuando te mueres sólo es cosa de estirarlos un poquito mas para hacerles un nudo y que te lancen a la fosa envuelto en ellos? Todos tendemos a contarnos historias ficticias acerca de quienes somos. Nuestra mente, como un molesto transeúnte que no deja de chacharear por teléfono mientras va en el transporte público, nunca se calla. Estás muy viejo, eres muy pobre, muy pasado de años (mi favorita), muy ocupado (otra de mis favoritas) o cualquiera que sea tu tipo de basura mental. Mientras tanto, nuestro yo esencial pacientemente lo tolera. La tragedia es que todos seríamos mucho más felices si estuviésemos rodeados por personas genuinas, en lugar de personas que son quienes creen que deben ser.

La buena noticia es que puedes encontrar tu camino de vuelta y asombrosamente ni siquiera toma tanto tiempo. Lo que ahora sé es que cuando lo encuentres, como cualquiera que ha estado perdido, apreciarás tu camino de vuelta a casa tanto más.